CONCLUSIONES DE LOS ENCUENTROS CINCCO21

El pasado viernes, apenas anteayer, inauguramos la exposición EXPRESA CINCUENTER: arte Cincuenter firmado por BARRUNTANDO, CARMELA BERRINI, DECERO CREATIVO, EMMA BI, MAITE CENTOL y BEATRIZ MONTES, para liberar la antigua cárcel de Oviedo, hoy convertida en un magnífico Archivo.

Por la tarde, Victoria Rodríguez Gil lideró el primero de los cinco paseos por Oviedo que propuso este certamen, los otros estuvieron capitaneados por Chelo Veiga, Regina Buitrago, Marta Rodríguez Bada y Elena Borchers.

Después, asistimos en este mismo teatro a la proyección de ROL & ROL, un documental de Chus Gutiérrez sobre la construcción de los roles femeninos en cine y medios, y cómo afectan a la forma de pensar de la sociedad y al proceso de toma de decisiones.

Luego, María Barranco se sumó al encuentro y juntas hablaron sobre:

  • La invisibilización de la mujer de más de 50 en el cine.
  • La exaltación de una impostada juventud; incluso, la impostura que supone que actrices jóvenes sean sistemáticamente las elegidas por la industria para interpretar a mujeres adultas.
  • La necesidad de referentes.
  • La exigencia de un cine que en la pantalla, pero también en la producción, en las tareas técnicas… acepte y promueva a las mujeres. Y de cómo lograrlo con políticas públicas de promoción de la igualdad.

Ayer, sábado, EVA PANDO, ANA VIRTUDES, MÓNICA FERNÁNDEZ y EVA GARRIDO, en una conversación sobre emprendimiento dirigida por ITZIAR M. ARESTI, lanzaron mensajes de optimismo en estos tiempos de zozobra: el mercado va a necesitar a las mujeres de más de 50, que exigirán productos y servicios adecuados a sus necesidades; y las empresas necesitarán a las mujeres de más de 50 para entender y satisfacer esas necesidades.

Dijeron que hay que favorecer y apoyar el emprendimiento, no sólo el profesional, incluso el personal: cambiar de actitud, cambiar las reglas de la propia vida, también es emprendimiento.

Y dijeron que no podemos permitirnos el lujo de decir, cuando afrontamos un reto tecnológico, “esto no es para mí” porque no podemos permitir que nuestra incapacidad tecnológica nos expulse del sitio que hemos conquistado en la sociedad.

Coincidieron en ese análisis, por la tarde, Carmela Ríos, periodista especializada en RRSS, y Sara Lozano, ingeniera biomédica.

Carmela recordó que las RRSS son una conversación global, y que a las mujeres nos gusta hablar, compartir. Y dijo también que tenemos la memoria, el conocimiento y la veteranía: somos, podemos ser, influencer, además de Cincuenter.

Sara destacó lo mucho que queda por hacer en un mundo, el suyo, donde los programadores de software médico son mayoritariamente hombres, varones técnicamente capaces, pero a los que les cuesta dar solución a necesidades de mujeres. Y tiene pruebas: el software médico penaliza a las mujeres y la inteligencia artificial genera errores de predicción y diagnóstico. Denunció además el llamado “efecto Matilda”, un prejuicio en contra de reconocer los logros de las mujeres científicas, cuyo trabajo a menudo se atribuye a sus colegas masculinos.

Un efecto que también se da en el mundo de la cultura, como corroboraron Berna González Harbour y Pilar Sánchez Vicente. Ellas se felicitaron por la apabullante y talentosa presencia de escritoras creadoras de mundos y personajes más cercanos a la experiencia vital de las mujeres; lamentaron la obstinación de ciertos críticos y miembros de jurados, varones en su mayoría, que se niegan a verlo. Denunciaron, además, la voluntad de algunos de encerrar a las escritoras en eso que llaman “literatura femenina” o “literatura de mujeres”, una limitación que no aceptan.

Y por la noche, Autora Beltrán, Lídia Pujol e Inma Serrano nos cantaron las Cincuenter.

Es un poco raro, dijo Lídia, que nos pasemos media vida intentando ser quienes quieren que seamos, y no quienes queremos ser. Ajustándonos a lo que se espera de nosotras, haciéndonos dudar de nuestro criterio, de nuestra mirada… Los Cincuenter y los años que vienen después son la Cara B del disco. Y los que saben dicen que en la cara B están siempre las mejores canciones.

Aurora mencionó una de las palabras más repetidas estos días: invisibilidad. Y dijo también, lo dijo cantando, que el presente es el pasado del futuro, y que en la ciudad del futuro tenemos posible cura…

Queremos adelantar ese futuro, por eso estamos aquí.

Una marca comercial hizo recientemente un estudio en 10 países del mundo sobre nosotras: el 93% de las mujeres cree que la sociedad tiene ideas equivocadas acerca de las mujeres de más de 50 años, tales como que “no son productivas para la sociedad”, “no se preocupan por su aspecto físico” y “no tienen una vida social activa”. Además, la mayoría de las mujeres (el 59%) se describió como “joven”.

50 es una edad; Cincuenter, un estado de ánimo. Las Cincuenter hacemos de la edad, virtud: la madurez no es una carga, es un regalo. Como dijo Yolanda Lobo cuando nos convocó a esta locura, ni nos hemos rendido ni estamos amortizadas: las que por aquí han pasado, las que pasarán en otras ediciones, son mujeres sabias, experimentadas, deseosas de compartir sin dejar de aprender.

“No me vuelvo más vieja, solo me vuelvo mejor”. Es una frase de un personaje de la serie Friends, Mónica Geller, que podemos suscribir. Sin caer en la cándida idealización de un periodo de la vida que tiene sus problemas; sin ocultar las evidentes dificultades.

Esta es nuestra manera de decir que estamos aquí, orgullosas de lo conseguido, y que nos ofrecemos como referencia. Que ni somos invisibles ni nos conformamos con permanecer al margen. Estas son nuestras credenciales. Y las exhibimos orgullosas.

Y tres días después Oviedo es una ciudad más Cincuenter.

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